La Violencia amenaza Nuestro Futuro, 23 de febrero de 2020, Reportajes, El Mercurio.
Entrevistas
23 febrero, 2020
«Estoy por el APRUEBO, pero constato las crecientes dificultades del proceso.»

El 28 de abril de 2018 renunció a su partido por diferencias con el rumbo que estaba tomando el conglomerado. Unos días antes, la ex ministra Soledad Alvear, había tomado la misma decisión. En lenguaje de los años 90, eran dos fácticos de la DC que se iban, no sin críticas de alguno de sus ex-camaradas.

Tres meses después, junto a Alvear presentaron “Comunidad en Movimiento” (grupo que dijeron buscaba recuperar los valores del Humanismo Cristiano), y ahora, tras el estallido social, está evaluando su futuro. “Es un desafío que debemos resolver en conjunto con Progresismo con Progreso (grupo de Mariana Aylwin) en los próximos días”, dice Martínez ahora. “En todo caso, de así decidirlo, será un movimiento que mantendrá esa característica y que se constituirá como partido, pero que actuará como movimiento. La lógica estructural cerrada y burocrática no va con los tiempos”, dice.

“Ciudadanos”, agrega, ya es partido “y el referente de ex– Ciudadanos (se refiere a “Convergencia Liberal” de Juan José Santa Cruz) es parte del Gobierno, lo cual es incompatible con lo nuestro. Somos centro y queremos superar la polarización gobierno y oposición”.

– El ministro Sichel dijo en una oportunidad que todos estos grupos han atomizado el centro.¿Cree que, en cierta medida, lo han debilitado y eso se nota ahora?

El centro se comenzó a debilitar cuando se desconoció la obra de los gobiernos de la Concertación y cuando se fue asumiendo una interpretación de la transición, escrita por los críticos a esos gobiernos, desde una postura de izquierda radical. Y, a su vez, cuando se aceptó la polarización, y se optó por uno de los polos. Por eso se requiere un nuevo centro.

– ¿Cómo la DC se perfila estando por el Apruebo con grupos tan disímiles como el Frente Amplio, por ejemplo?

No me gusta hablar de la DC, fue mi partido y le deseo lo mejor.

– ¿Cree que la votación a favor de la acusación al ministro Chadwick mostró un giro en la estrategia que había mantenido frente al Gobierno?

Le repito, no opino sobre la DC.

– ¿Usted cómo habría votado?

En contra, no tenía mérito ni constitucional ni político que la justificara.

– ¿Cree que la acusación contra Felipe Guevara, de parte de la oposición, mostró ambigüedad en la condena contra la violencia?

En cierta medida sí, de parte de un sector de la oposición. Se está abusando de las acusaciones. Una nueva Constitución requiere un ambiente especial. Como el que logramos y que permitió una transición ejemplar. Revalorada recientemente por entidades internacionales, que calificaron a Chile como una democracia plena junto a una decena de países.

“La violencia amenaza nuestro futuro”

– ¿Estará por el Apruebo o Rechazo?

Por el Apruebo, pero constato las crecientes dificultades del proceso. La violencia se constituye en una amenaza a un proceso democrático constitucional.

– ¿La violencia lo podría hacer cambiar de posición si marzo fuera muy violento?

No me imagino votando Rechazo. A su vez, un cuadro violento no puede ser relativizado. El plebiscito es una parte de un proceso, sigue con la elección de constituyentes, continúa con la Convención. La violencia amenaza este proceso.

– ¿Qué riesgos visualiza al ganar el Apruebo?

Creo que es un hecho que ganará el Apruebo. Los riegos son los que estamos viviendo. Una crónica de que en marzo la violencia ya existente, y la destrucción de nuestros patrimonios ya presentes, será reactivada. La violencia amenaza nuestro futuro. El Apruebo debe ser planteado como un triunfo de la democracia contra la violencia, los extremos y los populismos.

– Parece que temiera ese triunfo.

No le temo. Precisamente, creo que la cancha debe ser la democrática, donde lo que vale es el voto de cada uno, y donde no cabe la presión o la violencia. No se debe temer a la voluntad ciudadana; por el contrario, esta debe ser saludada y respetada.

– ¿Y qué riesgos ve si gana el Rechazo?

No me pongo en esa situación, pues lo veo inviable. Si así fuese, habría que respetar el resultado. Para eso se crea y convoca un plebiscito, para resolver democráticamente entre alternativa.

– Hace un año dijo que no descartaba participar en los nuevos desafíos electorales, ¿eso incluye ser candidato en una eventual constituyente ahora?

Creo que debemos participar, tanto en las elecciones de constituyentes, como en las municipales, regionales y parlamentarias próximas. El país necesita una opción de un nuevo centro democrático, moderno, plural y renovado, con prestancia y claridad (dice como respuesta, pero prefiere omitir si será o no candidato).

– ¿Puede ser un problema para la DC el Apruebo, pensando que parte de sus militantes o adherentes son más conservadores, pymes, etc.?

No opino sobre la DC. Ahora, es un hecho que las amenazas son la violencia y la incertidumbre. Estas se rompen aislando a los violentistas, y debatiendo sobre los temas de fondo en una nueva Constitución.

– ¿Y cuál sería ese fondo?

file_20180429084253 (2)Lo contesto por vía de algunas interrogantes: ¿Un régimen presidencial o uno semipresidencial?, ¿Dos cámaras o un sistema unicameral?, ¿Un sistema político centralizado en torno al Estado nacional?, ¿o se favorece la existencia de entidades estatales que sean autónomas, como la Contraloría y el Banco Central? ¿Cómo se definen los derechos de los ciudadanos ante los planteos poshumanistas o transhumanistas? ¿Las comunidades serán reconocidas como parte activa de la sociedad, con roles y derechos? ¿Los ciudadanos tendrán derechos, y, como correlato, deberes respecto de su sociedad congéneres? Si el mundo es global, complejo e interdependiente, ¿se requiere entes comunitarios supraestatales a los cuales se les debe otorgar soberanía? Y podríamos seguir.

– ¿Qué pasa con la ley de cuotas y pueblos originarios?

Esto debe situarse en la lógica democrática. Un ciudadano(a), un voto, y cada voto debe valer igual. En ese marco, creo en la paridad y en la representación proporcional a votantes de un padrón.

– ¿La nueva Constitución es antes nada simbólica? ¿El tema social debe centrarse más en la agenda legislativa?

El acuerdo para una nueva Constitución fue un intento para destrabar el conflicto y abrir un camino democrático que encauzara la crisis. Algunos le han dado una dimensión mítica exagerada, que con la nueva Constitución se acabaron los problemas. Ahora de trata de hacer eso bien. El tema social, que a mi juicio es el de la equidad, es más central y comprende lo legislativo, pero debe trascender a las políticas públicas y también cruzar al sector privado. Cómo tenemos una mejor democracia y cómo colaboramos todos para progresar con más y mejor equidad.

“Le pudo tocar a cualquiera”.

– ¿Ha tenido contacto con el Presidente Piñera?

No.

– Hace un año, usted decía que Piñera había aprendido de su gobierno. ¿Hoy cómo evalúa su manejo de la crisis?

Así me parecía, pero me equivoqué; aunque coincido con quienes han plantado que esta es una crisis de Estado y agregaría una crisis de nuestra sociedad y convivencia. Le pudo tocar a cualquiera. No es simple poder afrontarla. Pero hay falta de oficio y de buena política, de prever los conflictos. Ha habido malas declaraciones. Hay un desafío de actitud y se requiere gran capacidad de articulación. Hay que reconocer, en esta línea, el aporte de los ministros de Hacienda y de Interior.

– ¿Cómo se explica la baja valoración?

Entre los que critican al Gobierno, hay quienes le quitan respaldo por no reprimir eficientemente a los violentos y otros por un exceso de represión. Algunos creen que es la oportunidad de hacer caer el sistema mediante la anarquía. Otros sienten que las medidas sociales no son suficientes. Falta un plan. Cuáles leyes hoy y cómo siguen las etapas siguientes. Hay que poner democracia y equidad como ejes de un futuro común.

– ¿Por qué cree que el Presidente se convirtió en el rostro del malestar, el foco de la rabia de la gente?

Porque no ha podido encauzar el conflicto. Por falta de creatividad en el quehacer. Su coalición está dividida en temas importantes. Y por una campaña perseverante en su contra.

– ¿Cómo se explica esta cierta rebeldía social?

Por deficiencias en la oportunidad y el oficio de las autoridades. Porque hay una crisis de instituciones del Estado a cargo del orden público. Porque la paz social requiere mayorías democráticas sin complejos y facultades para mantener el orden público. Porque quienes no vivieron la dictadura y la transición no valoran la importancia de la práctica democrática y la no violencia. No leyeron a Gandhi, no escucharon a Luther King y Mandela, no conocieron a José Zalaquet o al cardenal Silva Henríquez. Ah, y algo más, porque se ha olvidado ese error del pasado, de pensar que se podía jugar con la violencia, pues en Chile nunca pasaría algo mayor. Y pasó todo y con todo.

– Y ¿cómo se contiene la violencia?

Asumiendo que es un desafío a nuestra estabilidad democrática. Ha habido avances legales en el Congreso para contenerla. Faltan más avances en aquello. Un senador ha descrito bien el problema en parte de la oposición, respecto de la violencia y la importancia del orden público. Hay que terminar con la ambigüedad. Los ciudadanos tienen derecho a la tranquilidad. La violencia tiene consecuencias. Me duelen los 300.000 nuevos desempleados. Los emprendimientos cerrados o destruidos. Las iglesias incendiadas. Me complica de sobremanera que no haya crecimiento, ese es menos recursos estatales. Se requiere educación democrática. Conciencia y responsabilidad de toda la dirigencia política, social y gremial.

¿Por qué cree que es la ambigüedad de la centroizquierda? ¿Por temor al Frente Amplio?

Por temor a competir. Por haber elecciones próximas donde se crea el mito de la unidad. Por falta de claridad en lo que se quiere y por estar en medio de una crisis que nos afecta a todos.

¿Cree que la ex Nueva Mayoría se reconstruirá con el Frente Amplio, tras el plebiscito, a partir del resultado de este?

La tendencia es unirse a cualquier costo, más aún cuando hay elecciones, y los más radicales operan como una centrífuga que los partidos no se muestran capaces de resistir. No creo en el camino de la polarización. Siempre he pensado que en política hay sumas que no suman, sino que restan. Hay que construir un centro fuerte hacia el futuro. Eso asegura un mejor país.

– En ese unirse a cualquier costo, ¿qué críticas le hace usted a sus excompañeros de colisión?

No es cuestión de criticar. Mi posición es articular sectores diversos que no quieran caer en la polarización y que precisamente busquen superarla. Se trata de construir una nueva alternativa, especialmente distante de los extremos que condicionan los dos polos.

– Creía hace un año que era exagerado hablar de oposición obstruccionista, ¿hoy no lo cree así?

Hay una línea de un sector de rechazar todo y de buscar acentuar la crisis. Ahí hay obstruccionismo. Pero también hay otros personeros que logran concordar avances legislativos importantes en presupuesto, tributos y previsión. Junto a esto, hay opositores que aprueban y que luego se retractan de su votación. La polarización marca a la oposición, pero hay excepciones.

– ¿El Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, ese espíritu, existe aún?

No lo sé. Marzo y abril nos lo dirán.

Fuente Diario El Mercurio.Reportajes.23 FEB 2020.D10.